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Fray Refugio Morales Córdova

Fundador de la Congregación de Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción.

Vida, Obra y Pensamiento de Fray Refugio Morales Córdova

El Padre Refugio fue uno de los humildes, y a la vez esclarecidos varones que el Señor escogió en México, en el siglo XIX, para proporcionar auxilios y socorros urgentes a su pueblo.

Pláticas de Fray Refugio Morales Córdova

1. Plática sobre el amor de Dios. 2. Plática sobre la fórmula de la confesión. 3. Plática sobre la confesión, como medio de adquirir la pureza de conciencia. 4. Plática sobre la vigilancia cristiana. 5. Plática sobre las tentaciones. 6. Plática sobre la tibieza. 7.Plática sobre la vana gloria. 8.Plática sobre el buen uso del tiempo. 9. Plática sobre la vida de Santa Gertrudis.

Fray José del Refugio Morales Córdova.

Nació en el pueblo de Tlalmanalco, Estado de México, el día 04 de abril de 1836; el primero de seis hijos de José María Morales y Carmen Córdova.

Fray José del Refugio Morales Córdova.

Nació en el pueblo de Tlalmanalco, Estado de México, el día 04 de abril de 1836; el primero de seis hijos de José María Morales y Carmen Córdova.

Fray José del Refugio Morales Córdova.

Nació en el pueblo de Tlalmanalco, Estado de México, el día 04 de abril de 1836; el primero de seis hijos de José María Morales y Carmen Córdova.

Hermanas Franciscanas de Corazón

“Reparar la viña del Señor”, mediante la vivencia de las obras de misericordia, cultivando los grandes valores de la vida consagrada. .

martes, 26 de julio de 2016

Colegios Apostólicos de Propaganda Fide.


Colegios Apostólicos de Propaganda Fide.

Los Colegios Apostólicos Franciscanos de Propaganda Fide de los siglos XVIII y XIX eran institutos franciscanos relativamente autónomos, destinados a formar y a procurar misioneros, sacerdotes y no sacerdotes, que evangelizaran a las tribus paganas o semi paganas que en aquellos tiempos habitaban dentro de los extensos límites de México, particularmente en su región septentrional, aunque no exclusivamente.

El primero de estos colegios en México lo fundó el Padre Antonio Liñaz el año de 1682, en la Santa Cruz de Querétaro, de donde salieron innumerables y heroicos misioneros que evangelizaron el Norte del país. En 1707 el V. P. Antonio Margil de Jesús fundó el de San Fernando de México de donde salieron innúmeros misioneros a llevar la fe y la civilización de Alta California. 

 El año de 1771 y siguientes se estableció el Colegio Apostólico de Pachuca, cuyo convento franciscano primitivo remonta hasta 1596. Desde entonces hasta 1771 fue casa religiosa dependiente de la Provincia Franciscana de San Diego de México, pero, ese año, el Papa Clemente XIV le concedió separarse de la Provincia sobredicha y gobernarse por sí mismo, aunque siempre bajo la dependencia del Ministro o Superior General de la Orden Franciscana.

A partir de esa fecha, y gracias a la afluencia de gran número de misioneros reclutados en España, el Colegio Apostólico de Pachuca creció en personal, y, lógicamente, se multiplicaron sus edificios para dar lugar a varias secciones internas que necesariamente comprendía un instituto misionero de esa naturaleza.

En efecto, todo Colegio Apostólico debía tener, además de su iglesia, claustros diversos: para aspirantes, para novicios, para profesos, para sacerdotes y para hermanos legos, así como otros departamentos para almacenar provisiones y herramientas que periódicamente se habían de remitir a las misiones que atendían. Esto nos explica la vasta complejidad de edificios, patios, huertas, etc., que constituían esos Colegios.

El de Pachuca de 1792 atendía en Coahuila, las misiones de San Miguel de Aguayo, Nadadores, San Juan Bautista de Río Grande, S. Bernardo del mismo Río, San Francisco de Vizarrón, El Dulce Nombre de Peyotes y San Bernardino de Candela.
En 1793 se mencionan además las siguientes misiones de Tamaulipas o Nuevo Santander: San José y Boca de Palmas, Nuestra Señora de Guadalupe de los Angeles, San Vicente Ferrer de las Presas y San Francisco de Palmitos.

En sus mejores tiempos el Colegio de Pachuca llego a contar con unos cien misioneros. Todavía en 1803 contaba con 80 religiosos de los cuáles cincuenta y cinco eran sacerdotes, y de éstos unos 20 trabajaban en las sobredichas misiones, al paso que otros se preparaban, y maestros dedicados a la formación de jóvenes. Un cuarto grupo o constituían misioneros agotados, enfermos o demasiado ancianos que ya no podían prestar sus servicios en el apostolado misional directo.

Sobrevinieron las guerras de Independencia y como lógica consecuencia de las mismas, no solo el Colegio de Pachuca, sino también los demás Colegios de Querétaro, Guadalupe y San Fernando sufrieron gravemente las consecuencias, pues las mayor parte del personal español ceso el aflujo de éste a todos los colegios; más aún el 22 de diciembre de 1827 el Gobierno Independiente de México expulsó a los españoles, y no pocos misioneros del Colegio de Pachuca hubieron de abandonar, con el corazón transido de dolor, estas tierras que ellos consideraban como su segunda patria y que muchos amaban tanto o más que España.

Para 1833 no quedaban ya en el Colegio de Pachuca sino sino 24 religiosos: ocho legos, seis estudiantes profesos de coros y diez sacerdotes, de los cuales dos todavía, apesar de su ancianidad y enfermedades, continuaban valientemente trabajando en las misiones.
En consecuencia, por disposición del P. General de la Orden, Fr. Dionisio Schuler, con aprobación de la Santa Sede, fue reorganizada completamente la Primera Orden de la República; todas las entidades de la misma entonces existentes, a saber de los seis Colegios Apostólicos y las cinco Provincias, a saber: la de México, de Michoacán y de Jalisco y consiguientemente quedaron suprimidos todos los Colegios Apostólicos, así como la Provincia de San Diego.

Esta drástica medida se debió al escasísimo personal franciscano a que esas Provincias y Colegios habían quedado reducidos por causa de las Leyes de Reforma por una parte, y por la otra a la unión de todos los Franciscanos decretada por la Santa Sede, en 1897.
todo esto se verificaba el 24 de junio de 1908, habiendo sido encargado de la ejecución del correspondiente decreto, el M. R. P. Definidor y Delegado General Fr. José María Bottaro.

martes, 14 de junio de 2016

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Sobre la Vida, Obra y Pensamiento de
Fray Refugio Morales Córdova




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domingo, 12 de junio de 2016

Biografía fray José del Refugio Morales Córdova.

El Padre Fundador, 
fray José del Refugio Morales Córdova,
(ofm)





El Padre Refugio fue uno de los humildes, y a la vez esclarecidos varones que el Señor escogió en México, en el siglo XIX, para proporcionar auxilios y socorros urgentes a su pueblo. 



Niñez

Fray José del Refugio Morales Córdova, nació en el pueblo de Tlalmanalco, Estado de México, el día 04 de abril de 1836; el primero de seis hijos de José María Morales y Carmen Córdova.





Fueron sus padres:  
José Isidoro Morales Córdova, hijo legítimo de don José María Morales y doña Carmen Córdova






fue el primero de seis hijos de los esposos Morales Córdova.


Nombres y año de nacimiento
Hermanos biológicos de
Fray Refugio Morales Córdova.

 Año 1836:   Fray José Isidoro Morales Córdova

Hermanos y Hermanas.
 
Año 1838:   María de la Merced Concepción Serapia de Jesús Morales Córdova
Año 1840:   María de la Merced Hobonatelis [sic] de Jesús Morales Córdova
Año 1843:   María Juana del Carmen de Jesús Josefa Antonia Morales Córdova
Año 1844:   Ángel Jerónimo Jacinto de Jesús María y José Morales Córdova
Año 1846:   Mariana Crecencia Inés Antonia de Jesús Morales Córdova


En el bautismo recibió el nombre de José Isidoro.




Sus primeros años

A la edad de trece años y medio, ingresó en calidad de donado en el Colegio Apostólico de Propaganda Fide, San Francisco de Pachuca. 

Sobre su infancia nada sabemos, pero podemos concluir que la pasó en un hogar cristiano y piadoso a donde se vivía y practicaba la religión Católica, Apostólica y Romana y según consta en un documento que el padre Refugio enviara a Roma, que por deducción lógica según los años que manifiesta que tiene en ese informe enviado en el año de 1892 manifiesta que tiene 43 años de profesión religiosa se concluye que a los 13 años y medio aún todavía niño ingresó a la Orden de San Francisco de Asís.


Ingreso del Padre Refugio al colegio San Francisco de Pachuca. 
(1849) 

Ingreso – primeras etapas de formación (1849- 1859)

El año de 1849, acompañado seguramente por sus padres, se presentó a las puertas del colegio apostólico de San Francisco de Pachuca, el jovencito José Isidoro Morales Córdova, quien el día 19 de noviembre de ese año recibió el hábito de aspirante a la vida franciscana misionera, cuando apenas contaba 13 años y medio. En esa calidad de aspirante permaneció José Isidoro hasta que vista su excelente conducta y aprovechamiento fue admitido a la siguiente etapa de formación.

Ingreso al noviciado 
(1851)

 Inició el  noviciado el año de 1851 recibiendo el nombre de Fray José del Refugio

Fue admitido el año de 1851, cuando contaba 15 años cumplidos, al noviciado canónico; al vestir el hábito de religioso novicio, cambió su nombre de José Isidoro por el de José del Refugio, de acuerdo con la costumbre de los institutos de votos solemnes de aquellos tiempos.
Nada sabemos cómo pasó el noviciado el p. Refugio, ya que el 26 de mayo de 1860, dos temibles guerrilleros asaltaron el convento tomando presos a los superiores y quemando el archivo del colegio.

Profesión religiosa 
(1852)

Por un documento escrito con puño y letra del padre Refugio sabemos que el 16 de mayo de 1852, profesó de votos solemnes en la Orden Franciscana, emitiendo los cinco votos que hacían los miembros de los colegios apostólicos, como son: pobreza, castidad, obediencia, clausura y caridad. En este tiempo las órdenes religiosas no hacían votos temporales al terminar el noviciado, los votos perpetuos y solemnes se emitían como una consagración definitiva e irrevocable para siempre, práctica que después se modificó, por las circunstancias que atravesaba, mitigación que se introdujo en 1857, haciendo votos temporales antes de los perpetuos.


Habiendo ya profesado fray José del Refugio, se consagró por orden de sus Superiores al estudio de las humanidades, de la filosofía y de la teología; durante 8 años estudió con entusiasmo y con especial atención el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia con especial cariño a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino.



Recibió El Sacramento del Orden Sacerdotal.
El 08 de julio de 1860

El 08 de julio de 1860,  con profundo fervor, gratitud y amor, recibió el sacramento del Orden Sacerdotal.

 En 1861
Exclaustración

En 1861, la comunidad religiosa del Colegio Apostólico de Propaganda Fide San Francisco de Pachuca fue exclaustrada, llegando al Templo de La Encarnación, México, D. F. Por disposición del padre fray Diego de la Concepción Palomar, Comisario General de los Colegios Apostólicos de Propaganda Fide, el Padre Refugio Morales, fue nombrado Guardián de la comunidad exclaustrada y Capellán del Templo de La Encarnación.


 En 1874
Fundación de la Congregación.


En 1874, guiado por el Espíritu Divino, eligió a tres de las señoritas que frecuentaban el Templo de La Encarnación; ellas fueron: Dolores Vázquez, Manuela Méndez y María de Jesús Maldonado, para dar principio a la fundación de la Congregación que el Señor le inspiraba, y las llamó: Hijas del Corazón de María, actualmente: Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción (HFIC).


13 de abril de 1894,
Entrega su alma al creador.


El día 13 de abril de 1894, a las cuatro y media de la mañana, el Padre Refugio Morales, en medio de fuertes dolores y alabando a Dios Creador por el don de la vida, entregó su alma al Señor, naciendo así a la Vida Eterna. Sus restos se encuentran en el Panteón Español.


FRAY JOSÉ DEL REFUGIO MORALES CÓRDOVA, 
OFM
FUNDADOR 
DE LA
CONGREGACIÓN DE 
HERMANAS FRANCISCANAS 
DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN 
(HFIC)
1836 - 1894

El padre Refugio, en la plenitud de su juventud, experimentó grandes luchas internas como lo reveló él mismo en una de sus pláticas en la que dice: yo pecador; que por una soberbia oculta llevo 20 años enredado en mil escrúpulos y preocupaciones que convierten en sal y agua los más heroicos sacrificios, estas palabras permiten entrever que sufría de escrúpulos desde su adolescencia. De noche oscura califican los entendidos de vida espiritual esas largas horas de prueba a que Dios somete a sus escogidos, y noche oscura a no dudar fue la que sufrió fray José del Refugio en esos años; noche oscura del alma en que todo esfuerzo espiritual parece condenado al fracaso, en que no hay gota de consuelo sensible, en que parece al alma estar abandonada del cielo, de la Santísima Virgen y del mismo Dios.

Mucha ayuda espiritual recibía de su director espiritual; pero como volvía a recaer en el desaliento y en los negros escrúpulos, entonces recibía las reprensiones del director hundiéndolo en el más triste desconsuelo, a estas experiencias podemos referir aquellas palabras suyas: Si me tratas, Padre mío, con el rigor que merezco, mi alma queda hundida en la mayor consternación y me quedo con mis pecados atado de pies y manos; el sueño huye de mis ojos y aún mi misma sombra me espanta, pero gracias a Dios, a la Santísima Virgen María y a su director, pudo superar esas pruebas. Se confesaba dos veces por semana, de acuerdo con el reglamento de su colegio; luchaba virilmente contra las tentaciones, se esforzaba por alcanzar una gran pureza de conciencia, procuraba mantenerse siempre honestamente ocupado, huyendo de toda divagación y de toda ociosidad. A pesar de las sequedades espirituales, no abandonaba nunca la oración en la que encontraba luces que lo sostenían en su duro bregar espiritual.

Así continuó luchando, combatiendo, esforzándose, fray José del Refugio, quien se había propuesto bajo voto de ser imagen perfecta de Jesucristo. Este ideal altísimo más tarde lo propuso a sus hijas espirituales. Todos estos sufrimientos espirituales que sufrió fray José del Refugio, en parte, se debían a sus altos propósitos y a la autenticidad y sinceridad de sus esfuerzos. De vez en cuando el Señor le regalaba delicados consuelos para su alma, por ejemplo: al contemplar el amor de Dios al hombre en el misterio de la Encarnación hecho hombre en Belén, se deshace en amor exclamando: ¿Para qué amas tanto al hombre? Es posible, Dios mío, ¿tanto vale mi amor? ¿Tanto gustáis de mi amor? Tendré valor para no amaros, corazón, alma, vida, sentidos y potencias, cuerpo y alma, ofreceros todos en sacrificio, en holocausto, sobre el sentido fuego del amor de Dios, que este sea el presente, la cuna, los pañales con que recibamos al Divino infante; dulce Jesús, caridad esencial, fuente inagotable de aquel sagrado fuego que abraza a los ángeles, desciende sobre nuestras almas con tu espíritu vivificador, creemos que eres la santidad por esencia y en tu divinidad todo igual al Padre con el Espíritu Santo.

En medio de estos altibajos espirituales de angustias y consuelos divinos sorprendió a fray José del Refugio el inicio de las violentas exclaustraciones de religiosos decretadas por el Gobierno Liberal. El primer colegio apostólico que exclaustraron fue el de Guadalupe de Zacatecas, el primero de agosto de 1859.
Predicción sobre el futuro de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción.
No olvidaba a sus amadísimas Hijas del Corazón de María, las encomendaba devotamente al Señor y les dio sus últimas instrucciones.

En una de sus pláticas, había dicho sobre ellas y el futuro del instituto:

“Resolveos de una vez a negociar con ellas (la caridad) el valor inestimable de las virtudes, y si Dios no os ha elegido para vivir en la páginas de la historia predestinadas indudablemente os tiene para lucir como piedras preciosas en el templo de su gloria, en donde os deseo ver purificadas vuestras palabras, vuestras obras y vuestros pensamientos.

En sus últimos días, cercanos a su muerte ¡con gran gusto repetía aquellas hermosas expresiones con que antes y ahora exhortaba también a sus amadas hijas del Corazón de María.
Ente la fuerte enfermedad del padre José del Refugio y próximo a su muerte. Sus hijas espirituales inconsolables oraban y suplicaban al cielo y a todos los santos se dignasen tener piedad de ellas y conservara a tan buen padre: pero el Señor acogió esas oraciones para gloria a su siervo y para que transmitiera su espíritu a los que el mismo Dios tenía escogidos para continuar y completar la obra de su ciervo agonizante.

JOSÉ ISIDORO MORALES CÓRDOVA (1836-1894)
José Isidoro Morales Córdova, hijo legítimo de don José María Morales y doña Carmen Córdova, nació el 4 de abril de 1836, en Tlalmanalco en el territorio de la antigua Ciudad de Texcoco, cuya parroquia estaba atendida desde hacía tres siglos por religiosos de la Orden Franciscana, perteneciente a la Provincia del Santo Evangelio, a cuya jurisdicción pertenecía entonces dicha parroquia, y donde José Isidoro posiblemente recibió las aguas bautismales, el sacramento de la Confirmación lo recibiría en la Catedral de México, ya que en ese entonces Texcoco pertenecía a esta Diócesis.
Sus primeros años (Texcoco, México)
Sobre su infancia nada sabemos, pero podemos concluir que la pasó en un hogar cristiano y piadoso a donde se vivía y practicaba la religión Católica, Apostólica y Romana y según consta en un documento que el padre Refugio enviara a Roma, que por deducción lógica según los años que manifiesta que tiene en ese informe enviado en el año de 1892 manifiesta que tiene 43 años de profesión religiosa se concluye que a los 13 años y medio aún todavía niño ingresó a la Orden de San Francisco de Asís.
INGRESO DEL PADRE REFUGIO AL COLEGIO SAN FRANCISCO DE PACHUCA (1849)
Ingreso – primeras etapas de formación (1849- 1859)
El año de 1849, acompañado seguramente por sus padres, se presentó a las puertas del colegio apostólico de San Francisco de Pachuca, el jovencito José Isidoro Morales Córdova, quien el día 19 de noviembre de ese año recibió el hábito de aspirante a la vida franciscana misionera, cuando apenas contaba 13 años y medio. En esa calidad de aspirante permaneció José Isidoro hasta que vista su excelente conducta y aprovechamiento fue admitido a la siguiente etapa de formación.
Ingreso al noviciado (1851)
Fue admitido el año de 1851, cuando contaba 15 años cumplidos, al noviciado canónico; al vestir el hábito de religioso novicio, cambió su nombre de José Isidoro por el de José del Refugio, de acuerdo con la costumbre de los institutos de votos solemnes de aquellos tiempos.
Nada sabemos cómo pasó el noviciado el p. Refugio, ya que el 26 de mayo de 1860, dos temibles guerrilleros asaltaron el convento tomando presos a los superiores y quemando el archivo del colegio.
Profesión religiosa (1852)
Por un documento escrito con puño y letra del padre Refugio sabemos que el 16 de mayo de 1852, profesó de votos solemnes en la Orden Franciscana, emitiendo los cinco votos que hacían los miembros de los colegios apostólicos, como son: pobreza, castidad, obediencia, clausura y caridad. En este tiempo las órdenes religiosas no hacían votos temporales al terminar el noviciado, los votos perpetuos y solemnes se emitían como una consagración definitiva e irrevocable para siempre, práctica que después se modificó, por las circunstancias que atravesaba, mitigación que se introdujo en 1857, haciendo votos temporales antes de los perpetuos.
Parte del antiguo Colegio Apostólico de Pachuca en donde nuestro Padre Fundador Fray José del Refugio Morales realizó sus estudios eclesiásticos.
Habiendo ya profesado fray José del Refugio, se consagró por orden de sus Superiores al estudio de las humanidades, de la filosofía y de la teología; durante 8 años estudió con entusiasmo y con especial atención el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia con especial cariño a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino.
El padre Refugio, en la plenitud de su juventud, experimentó grandes luchas internas como lo reveló él mismo en una de sus pláticas en la que dice: yo pecador; que por una soberbia oculta llevo 20 años enredado en mil escrúpulos y preocupaciones que convierten en sal y agua los más heroicos sacrificios, estas palabras permiten entrever que sufría de escrúpulos desde su adolescencia. De noche oscura califican los entendidos de vida espiritual esas largas horas de prueba a que Dios somete a sus escogidos, y noche oscura a no dudar fue la que sufrió fray José del Refugio en esos años; noche oscura del alma en que todo esfuerzo espiritual parece condenado al fracaso, en que no hay gota de consuelo sensible, en que parece al alma estar abandonada del cielo, de la Santísima Virgen y del mismo Dios.
Mucha ayuda espiritual recibía de su director espiritual; pero como volvía a recaer en el desaliento y en los negros escrúpulos, entonces recibía las reprensiones del director hundiéndolo en el más triste desconsuelo, a estas experiencias podemos referir aquellas palabras suyas: Si me tratas, Padre mío, con el rigor que merezco, mi alma queda hundida en la mayor consternación y me quedo con mis pecados atado de pies y manos; el sueño huye de mis ojos y aún mi misma sombra me espanta, pero gracias a Dios, a la Santísima Virgen María y a su director, pudo superar esas pruebas. Se confesaba dos veces por semana, de acuerdo con el reglamento de su colegio; luchaba virilmente contra las tentaciones, se esforzaba por alcanzar una gran pureza de conciencia, procuraba mantenerse siempre honestamente ocupado, huyendo de toda divagación y de toda ociosidad. A pesar de las sequedades espirituales, no abandonaba nunca la oración en la que encontraba luces que lo sostenían en su duro bregar espiritual.
Así continuó luchando, combatiendo, esforzándose, fray José del Refugio, quien se había propuesto bajo voto de ser imagen perfecta de Jesucristo. Este ideal altísimo más tarde lo propuso a sus hijas espirituales. Todos estos sufrimientos espirituales que sufrió fray José del Refugio, en parte, se debían a sus altos propósitos y a la autenticidad y sinceridad de sus esfuerzos. De vez en cuando el Señor le regalaba delicados consuelos para su alma, por ejemplo: al contemplar el amor de Dios al hombre en el misterio de la Encarnación hecho hombre en Belén, se deshace en amor exclamando: ¿Para qué amas tanto al hombre? Es posible, Dios mío, ¿tanto vale mi amor? ¿Tanto gustáis de mi amor? Tendré valor para no amaros, corazón, alma, vida, sentidos y potencias, cuerpo y alma, ofreceros todos en sacrificio, en holocausto, sobre el sentido fuego del amor de Dios, que este sea el presente, la cuna, los pañales con que recibamos al Divino infante; dulce Jesús, caridad esencial, fuente inagotable de aquel sagrado fuego que abraza a los ángeles, desciende sobre nuestras almas con tu espíritu vivificador, creemos que eres la santidad por esencia y en tu divinidad todo igual al Padre con el Espíritu Santo.
En medio de estos altibajos espirituales de angustias y consuelos divinos sorprendió a fray José del Refugio el inicio de las violentas exclaustraciones de religiosos decretadas por el Gobierno Liberal. El primer colegio apostólico que exclaustraron fue el de Guadalupe de Zacatecas, el primero de agosto de 1859.
Predicción sobre el futuro de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción.
No olvidaba a sus amadísimas Hijas del Corazón de María, las encomendaba devotamente al Señor y les dio sus últimas instrucciones.
En una de sus pláticas, había dicho sobre ellas y el futuro del instituto:
“Resolveos de una vez a negociar con ellas (la caridad) el valor inestimable de las virtudes, y si Dios no os ha elegido para vivir en la páginas de la historia predestinadas indudablemente os tiene para lucir como piedras preciosas en el templo de su gloria, en donde os deseo ver purificadas vuestras palabras, vuestras obras y vuestros pensamientos.
En sus últimos días, cercanos a su muerte ¡con gran gusto repetía aquellas hermosas expresiones con que antes y ahora exhortaba también a sus amadas hijas del Corazón de María.
Ente la fuerte enfermedad del padre José del Refugio y próximo a su muerte. Sus hijas espirituales inconsolables oraban y suplicaban al cielo y a todos los santos se dignasen tener piedad de ellas y conservara a tan buen padre: pero el Señor acogió esas oraciones para gloria a su siervo y para que transmitiera su espíritu a los que el mismo Dios tenía escogidos para continuar y completar la obra de su ciervo agonizante.
El 13 de abril de 1894, cuando el sol poniente aún brillaba, fray José del refugio Morales fervorosamente suspirando por contemplar la hermosura de Jesús y de María, entregó su alma al Señor.

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JOSÉ ISIDORO MORALES CÓRDOVA (1836-1894)
José Isidoro Morales Córdova, hijo legítimo de don José María Morales y doña Carmen Córdova, nació el 4 de abril de 1836, en Tlalmanalco en el territorio de la antigua Ciudad de Texcoco, cuya parroquia estaba atendida desde hacía tres siglos por religiosos de la Orden Franciscana, perteneciente a la Provincia del Santo Evangelio, a cuya jurisdicción pertenecía entonces dicha parroquia, y donde José Isidoro posiblemente recibió las aguas bautismales, el sacramento de la Confirmación lo recibiría en la Catedral de México, ya que en ese entonces Texcoco pertenecía a esta Diócesis.
Sus primeros años (Texcoco, México)
Sobre su infancia nada sabemos, pero podemos concluir que la pasó en un hogar cristiano y piadoso a donde se vivía y practicaba la religión Católica, Apostólica y Romana y según consta en un documento que el padre Refugio enviara a Roma, que por deducción lógica según los años que manifiesta que tiene en ese informe enviado en el año de 1892 manifiesta que tiene 43 años de profesión religiosa se concluye que a los 13 años y medio aún todavía niño ingresó a la Orden de San Francisco de Asís.
INGRESO DEL PADRE REFUGIO AL COLEGIO SAN FRANCISCO DE PACHUCA (1849)
Ingreso – primeras etapas de formación (1849- 1859)
El año de 1849, acompañado seguramente por sus padres, se presentó a las puertas del colegio apostólico de San Francisco de Pachuca, el jovencito José Isidoro Morales Córdova, quien el día 19 de noviembre de ese año recibió el hábito de aspirante a la vida franciscana misionera, cuando apenas contaba 13 años y medio. En esa calidad de aspirante permaneció José Isidoro hasta que vista su excelente conducta y aprovechamiento fue admitido a la siguiente etapa de formación.
Ingreso al noviciado (1851)
Fue admitido el año de 1851, cuando contaba 15 años cumplidos, al noviciado canónico; al vestir el hábito de religioso novicio, cambió su nombre de José Isidoro por el de José del Refugio, de acuerdo con la costumbre de los institutos de votos solemnes de aquellos tiempos.
Nada sabemos cómo pasó el noviciado el p. Refugio, ya que el 26 de mayo de 1860, dos temibles guerrilleros asaltaron el convento tomando presos a los superiores y quemando el archivo del colegio.
Profesión religiosa (1852)
Por un documento escrito con puño y letra del padre Refugio sabemos que el 16 de mayo de 1852, profesó de votos solemnes en la Orden Franciscana, emitiendo los cinco votos que hacían los miembros de los colegios apostólicos, como son: pobreza, castidad, obediencia, clausura y caridad. En este tiempo las órdenes religiosas no hacían votos temporales al terminar el noviciado, los votos perpetuos y solemnes se emitían como una consagración definitiva e irrevocable para siempre, práctica que después se modificó, por las circunstancias que atravesaba, mitigación que se introdujo en 1857, haciendo votos temporales antes de los perpetuos.
Parte del antiguo Colegio Apostólico de Pachuca en donde nuestro Padre Fundador Fray José del Refugio Morales realizó sus estudios eclesiásticos.
Habiendo ya profesado fray José del Refugio, se consagró por orden de sus Superiores al estudio de las humanidades, de la filosofía y de la teología; durante 8 años estudió con entusiasmo y con especial atención el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia con especial cariño a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino.
El padre Refugio, en la plenitud de su juventud, experimentó grandes luchas internas como lo reveló él mismo en una de sus pláticas en la que dice: yo pecador; que por una soberbia oculta llevo 20 años enredado en mil escrúpulos y preocupaciones que convierten en sal y agua los más heroicos sacrificios, estas palabras permiten entrever que sufría de escrúpulos desde su adolescencia. De noche oscura califican los entendidos de vida espiritual esas largas horas de prueba a que Dios somete a sus escogidos, y noche oscura a no dudar fue la que sufrió fray José del Refugio en esos años; noche oscura del alma en que todo esfuerzo espiritual parece condenado al fracaso, en que no hay gota de consuelo sensible, en que parece al alma estar abandonada del cielo, de la Santísima Virgen y del mismo Dios.
Mucha ayuda espiritual recibía de su director espiritual; pero como volvía a recaer en el desaliento y en los negros escrúpulos, entonces recibía las reprensiones del director hundiéndolo en el más triste desconsuelo, a estas experiencias podemos referir aquellas palabras suyas: Si me tratas, Padre mío, con el rigor que merezco, mi alma queda hundida en la mayor consternación y me quedo con mis pecados atado de pies y manos; el sueño huye de mis ojos y aún mi misma sombra me espanta, pero gracias a Dios, a la Santísima Virgen María y a su director, pudo superar esas pruebas. Se confesaba dos veces por semana, de acuerdo con el reglamento de su colegio; luchaba virilmente contra las tentaciones, se esforzaba por alcanzar una gran pureza de conciencia, procuraba mantenerse siempre honestamente ocupado, huyendo de toda divagación y de toda ociosidad. A pesar de las sequedades espirituales, no abandonaba nunca la oración en la que encontraba luces que lo sostenían en su duro bregar espiritual.
Así continuó luchando, combatiendo, esforzándose, fray José del Refugio, quien se había propuesto bajo voto de ser imagen perfecta de Jesucristo. Este ideal altísimo más tarde lo propuso a sus hijas espirituales. Todos estos sufrimientos espirituales que sufrió fray José del Refugio, en parte, se debían a sus altos propósitos y a la autenticidad y sinceridad de sus esfuerzos. De vez en cuando el Señor le regalaba delicados consuelos para su alma, por ejemplo: al contemplar el amor de Dios al hombre en el misterio de la Encarnación hecho hombre en Belén, se deshace en amor exclamando: ¿Para qué amas tanto al hombre? Es posible, Dios mío, ¿tanto vale mi amor? ¿Tanto gustáis de mi amor? Tendré valor para no amaros, corazón, alma, vida, sentidos y potencias, cuerpo y alma, ofreceros todos en sacrificio, en holocausto, sobre el sentido fuego del amor de Dios, que este sea el presente, la cuna, los pañales con que recibamos al Divino infante; dulce Jesús, caridad esencial, fuente inagotable de aquel sagrado fuego que abraza a los ángeles, desciende sobre nuestras almas con tu espíritu vivificador, creemos que eres la santidad por esencia y en tu divinidad todo igual al Padre con el Espíritu Santo.
En medio de estos altibajos espirituales de angustias y consuelos divinos sorprendió a fray José del Refugio el inicio de las violentas exclaustraciones de religiosos decretadas por el Gobierno Liberal. El primer colegio apostólico que exclaustraron fue el de Guadalupe de Zacatecas, el primero de agosto de 1859.
Predicción sobre el futuro de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción.
No olvidaba a sus amadísimas Hijas del Corazón de María, las encomendaba devotamente al Señor y les dio sus últimas instrucciones.
En una de sus pláticas, había dicho sobre ellas y el futuro del instituto:
“Resolveos de una vez a negociar con ellas (la caridad) el valor inestimable de las virtudes, y si Dios no os ha elegido para vivir en la páginas de la historia predestinadas indudablemente os tiene para lucir como piedras preciosas en el templo de su gloria, en donde os deseo ver purificadas vuestras palabras, vuestras obras y vuestros pensamientos.
En sus últimos días, cercanos a su muerte ¡con gran gusto repetía aquellas hermosas expresiones con que antes y ahora exhortaba también a sus amadas hijas del Corazón de María.
Ente la fuerte enfermedad del padre José del Refugio y próximo a su muerte. Sus hijas espirituales inconsolables oraban y suplicaban al cielo y a todos los santos se dignasen tener piedad de ellas y conservara a tan buen padre: pero el Señor acogió esas oraciones para gloria a su siervo y para que transmitiera su espíritu a los que el mismo Dios tenía escogidos para continuar y completar la obra de su ciervo agonizante.
El 13 de abril de 1894, cuando el sol poniente aún brillaba, fray José del refugio Morales fervorosamente suspirando por contemplar la hermosura de Jesús y de María, entregó su alma al Señor.

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