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jueves, 13 de septiembre de 2012

Fray Refugio Morales Córdova como hombre




Estudio por Hermanas María del Carmen García Fernández. (hfic)

Los sentimientos muy humanos y la actitud muy comprensiva que se manifestaba en los actos todos de la vida de nuestro Padre José Refugio, se debe a su formación franciscana, y al ambiente de persecución religiosa de México.

Los que se han empapado del genuino espíritu de Francisco llegan a tomar en vida una doble actitud de comprensión caritativa, en todo para el ser humano, y austeridad rigurosa en todo para consigo mismo.

Nuestro Seráfico Padre San Francisco, es el maestro de esta actitud tan evangélica. Nuestro Padre Refugito había profesado la estrecha observancia, del Colegio Apostólico de Pachuca, era feliz en la observancia de la misma; por lo mismo, como hombre fue formidable caballero de una conducta intachable que se preocupaba de las cosas a su cuidado prefiriendo la calidad a la cantidad, humano, vigilante, cuidadoso, detallista, minucioso, ordenado, escrupuloso, delicado, fino, observador, alegre, pacífico, trabajador, amante del diálogo, social, generoso, inofensivo, tanto en su conversación privada, como cuando dirigía sus pláticas, optimista, experto, respetuoso, cariñoso, ya que cuando nombraba a la comunidad les llamaba: “gozo mío, corona mía, pequeño cielo, jardín de cándidas azucenas”; psicólogo, sabía catalogar los valores humanos y no se mostraba exigente en detalles, era justo, piadoso, fervoroso, caritativo, con grande espíritu de fe, sabía aceptar la voluntad de Dios con alegría, era comprensivo, ya que recomendaba a sus hijas espirituales porque lo juzgaba necesario, el descanso y las recreaciones inocentes con un fin santo y virtuoso, después de haber cumplido con todas nuestras obligaciones. No se inmiscuía en señalar, como tenían que pasar estar recreaciones, las dejaba a su juicio y prudencia, sólo les recomendaba llevar el corazón lleno de amor al prójimo, de espíritu firme, delicado y cultivado, que infundía ánimo y confianza en los corazones. Ya que conocía el corazón humano.

Tiene la costumbre de intercalar en sus conversaciones, sobre todo cuando va a referir algo, “contando con el permiso de vosotras”. Es de notar su espíritu cultivado. Era reservado pues tan sólo a Dios acostumbraba confiar sus alegrías, penas y luchas, en fin, un hombre equilibrado.

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