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martes, 26 de julio de 2016

Colegios Apostólicos de Propaganda Fide.


Colegios Apostólicos de Propaganda Fide.

Los Colegios Apostólicos Franciscanos de Propaganda Fide de los siglos XVIII y XIX eran institutos franciscanos relativamente autónomos, destinados a formar y a procurar misioneros, sacerdotes y no sacerdotes, que evangelizaran a las tribus paganas o semi paganas que en aquellos tiempos habitaban dentro de los extensos límites de México, particularmente en su región septentrional, aunque no exclusivamente.

El primero de estos colegios en México lo fundó el Padre Antonio Liñaz el año de 1682, en la Santa Cruz de Querétaro, de donde salieron innumerables y heroicos misioneros que evangelizaron el Norte del país. En 1707 el V. P. Antonio Margil de Jesús fundó el de San Fernando de México de donde salieron innúmeros misioneros a llevar la fe y la civilización de Alta California. 

 El año de 1771 y siguientes se estableció el Colegio Apostólico de Pachuca, cuyo convento franciscano primitivo remonta hasta 1596. Desde entonces hasta 1771 fue casa religiosa dependiente de la Provincia Franciscana de San Diego de México, pero, ese año, el Papa Clemente XIV le concedió separarse de la Provincia sobredicha y gobernarse por sí mismo, aunque siempre bajo la dependencia del Ministro o Superior General de la Orden Franciscana.

A partir de esa fecha, y gracias a la afluencia de gran número de misioneros reclutados en España, el Colegio Apostólico de Pachuca creció en personal, y, lógicamente, se multiplicaron sus edificios para dar lugar a varias secciones internas que necesariamente comprendía un instituto misionero de esa naturaleza.

En efecto, todo Colegio Apostólico debía tener, además de su iglesia, claustros diversos: para aspirantes, para novicios, para profesos, para sacerdotes y para hermanos legos, así como otros departamentos para almacenar provisiones y herramientas que periódicamente se habían de remitir a las misiones que atendían. Esto nos explica la vasta complejidad de edificios, patios, huertas, etc., que constituían esos Colegios.

El de Pachuca de 1792 atendía en Coahuila, las misiones de San Miguel de Aguayo, Nadadores, San Juan Bautista de Río Grande, S. Bernardo del mismo Río, San Francisco de Vizarrón, El Dulce Nombre de Peyotes y San Bernardino de Candela.
En 1793 se mencionan además las siguientes misiones de Tamaulipas o Nuevo Santander: San José y Boca de Palmas, Nuestra Señora de Guadalupe de los Angeles, San Vicente Ferrer de las Presas y San Francisco de Palmitos.

En sus mejores tiempos el Colegio de Pachuca llego a contar con unos cien misioneros. Todavía en 1803 contaba con 80 religiosos de los cuáles cincuenta y cinco eran sacerdotes, y de éstos unos 20 trabajaban en las sobredichas misiones, al paso que otros se preparaban, y maestros dedicados a la formación de jóvenes. Un cuarto grupo o constituían misioneros agotados, enfermos o demasiado ancianos que ya no podían prestar sus servicios en el apostolado misional directo.

Sobrevinieron las guerras de Independencia y como lógica consecuencia de las mismas, no solo el Colegio de Pachuca, sino también los demás Colegios de Querétaro, Guadalupe y San Fernando sufrieron gravemente las consecuencias, pues las mayor parte del personal español ceso el aflujo de éste a todos los colegios; más aún el 22 de diciembre de 1827 el Gobierno Independiente de México expulsó a los españoles, y no pocos misioneros del Colegio de Pachuca hubieron de abandonar, con el corazón transido de dolor, estas tierras que ellos consideraban como su segunda patria y que muchos amaban tanto o más que España.

Para 1833 no quedaban ya en el Colegio de Pachuca sino sino 24 religiosos: ocho legos, seis estudiantes profesos de coros y diez sacerdotes, de los cuales dos todavía, apesar de su ancianidad y enfermedades, continuaban valientemente trabajando en las misiones.
En consecuencia, por disposición del P. General de la Orden, Fr. Dionisio Schuler, con aprobación de la Santa Sede, fue reorganizada completamente la Primera Orden de la República; todas las entidades de la misma entonces existentes, a saber de los seis Colegios Apostólicos y las cinco Provincias, a saber: la de México, de Michoacán y de Jalisco y consiguientemente quedaron suprimidos todos los Colegios Apostólicos, así como la Provincia de San Diego.

Esta drástica medida se debió al escasísimo personal franciscano a que esas Provincias y Colegios habían quedado reducidos por causa de las Leyes de Reforma por una parte, y por la otra a la unión de todos los Franciscanos decretada por la Santa Sede, en 1897.
todo esto se verificaba el 24 de junio de 1908, habiendo sido encargado de la ejecución del correspondiente decreto, el M. R. P. Definidor y Delegado General Fr. José María Bottaro.

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